El vinil no daña una guitarra. Lo que la daña es pegar un adhesivo permanente sobre un acabado de nitrocelulosa y descubrirlo dos años después, al despegarlo.
La mitad de los trabajos en vinil transparente salen mal por la misma razón: se imprime a color sobre una película que deja pasar la luz y nadie previó la tinta blanca.
Un gráfico de piso mal especificado dura dos semanas y termina despegado en las esquinas. La diferencia no está en la impresión: está en el laminado y en el adhesivo.
El vinil transparente no perdona: lo que en pantalla se ve nítido, sobre vidrio puede quedar lavado. La diferencia casi siempre está en la tinta blanca y en el laminado.
El vinil reflectivo se ve gris y apagado de día. Ese es exactamente el material que estás pagando, y por eso tanta gente lo compra para el trabajo equivocado.
La tablaroca no sostiene un clavo. Si pones el zoclo como si el muro fuera de block, a los pocos meses la pieza se abre por el centro y ninguna cantidad de silicón lo arregla.
El color que ves en una muestra de 15 centímetros bajo la luz de la tienda no es el que vas a tener en 40 metros cuadrados de sala. Así se elige de verdad.