Tapetes de yute para sala: medida, tejido y cuidado
El error caro con un tapete de yute no es el color ni el tejido: es comprarlo chico. Un tapete que no alcanza las patas del sillón hace ver la sala más apretada de lo que es.
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El error caro con un tapete de yute no es el color ni el tejido: es comprarlo chico. Un tapete que no alcanza las patas del sillón hace ver la sala más apretada de lo que es.
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Un lambrín cambia la acústica del cuarto y tapa lo que el pintor no resolvió. Sobre un muro con humedad, además, esconde el hongo hasta que huele.
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El sol de Guadalajara decolora una tela de sala en un par de temporadas si da al poniente. Antes de elegir colores, hay que decidir cómo entra la luz.
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Casi ningún piso falla por el material: falla porque se puso el material correcto en el cuarto equivocado, o sobre un contrapiso que nadie niveló.
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Un clóset minimalista sin manija se ve impecable en la foto y se vuelve un problema si la profundidad se quedó en 50 cm. La limpieza visual empieza en las medidas.
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El gris es el color más fácil de elegir y el más fácil de arruinar: basta equivocarse de subtono o pasarse de superficie mate para que el cuarto se sienta frío.
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La máquina no corta el vinil de lado a lado: corta la película y deja el papel siliconado intacto. Ajustar esa profundidad es el 80% del oficio.
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El rollo barato y el caro se ven idénticos en el anaquel; a los seis meses uno está despegado por las orillas y el otro sigue pegado. La diferencia se decide antes de imprimir.
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Una fachada moderna de dos pisos se resuelve con tres decisiones: cómo se apilan los volúmenes, cuántos materiales entran y dónde va la sombra. Todo lo demás es acabado.
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El panel no falla por el diseño: falla por elegir un material que no aguanta la humedad del muro o por instalarlo sobre una pared que no estaba plana.
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