Una fachada no perdona. Lo que en un interior es un detalle decorativo, aquí es una pieza que recibe sol directo, lluvia de temporada, cambios de temperatura de 15 grados entre el mediodía y la madrugada y polvo todo el año. Una moldura mal elegida o mal sellada no sólo se ve fea: se convierte en la vía por la que el agua entra al muro.
Qué le exige el exterior a una moldura
Cuatro cargas trabajan al mismo tiempo y hay que responder a las cuatro.
- Radiación solar: el ultravioleta degrada plásticos sin protección y decolora pinturas. En la altiplanicie, con la intensidad de luz de ciudades como CDMX o Puebla, el efecto es más rápido que a nivel del mar.
- Agua: el enemigo real no es la lluvia que cae sobre la moldura, sino la que se queda parada en la cara superior y la que corre por detrás hacia el muro.
- Dilatación: una pieza larga expuesta al sol crece y se contrae varios milímetros a lo largo del día. Si la instalas a tope contra otra pieza sin junta, se pandea o se abre.
- Golpe y vandalismo: sólo importa en el primer metro y medio desde el nivel de banqueta. Ahí conviene un material más duro que arriba.
Materiales para fachada
- EPS con recubrimiento acrílico o de mortero: el sistema más usado en molduras grandes de exterior. El núcleo de poliestireno pesa poquísimo, se pega directo sobre el muro y no carga la estructura. El recubrimiento es lo que da la resistencia; sin él, el sol y el granizo lo destruyen. Exige que el revestimiento cubra también los cortes en obra, que es donde siempre se olvida.
- Poliuretano de alta densidad para exterior: pieza compacta, impermeable, con buena definición de perfil y resistencia al impacto. Más caro que el EPS y más pesado, pero tolera mejor el manejo y el golpe. Necesita pintura con filtro ultravioleta, no es un material para dejar desnudo.
- PVC celular: estable frente al agua y a los hongos, cero mantenimiento estructural. Su punto débil es la dilatación térmica, alta: pide juntas de movimiento y tornillos en agujeros ligeramente sobredimensionados para que la pieza pueda moverse.
- Concreto reforzado con fibra de vidrio: el más duradero y el que da la textura de piedra auténtica. Pesa mucho, requiere anclaje mecánico calculado y mano de obra especializada. Se justifica en cornisas grandes o en obra nueva donde se previó el anclaje.
- Mortero labrado en sitio: lo tradicional. Sin juntas y muy resistente, pero depende por completo del oficio del albañil y del curado; si se seca demasiado rápido al sol, se fisura.
Lo que no debes usar en fachada: molduras de MDF, de poliestireno de interior sin recubrimiento y cualquier pieza de madera sin tratamiento para exterior. Duran una temporada de lluvias.
Dónde van y qué hace cada una
- Marco de ventana: el uso más común. Enmarca el hueco y rompe la monotonía del muro. Vigila que la pieza superior tenga pendiente hacia afuera para que no se pare el agua.
- Cornisa de remate: corre bajo el pretil o el alero. Es la que define el perfil de la casa vista desde la calle y la que más se maltrata si no tiene goterón.
- Banda o cornisa intermedia: línea horizontal que marca la división entre plantas. Reduce visualmente la altura de una fachada muy vertical.
- Almohadillado y esquinas: piezas verticales en los cantos del edificio, que refuerzan las esquinas y dan carácter clásico.
- Zócalo exterior: banda baja al pie del muro, con acabado más duro. Protege de las salpicaduras de lluvia rebotada, que es lo que mancha la parte inferior de las fachadas claras.
Tamaño y proporción según la altura
Una moldura de fachada se mira desde la banqueta, a varios metros. Lo que en la mano se ve enorme, montado a 6 m de altura desaparece.
Criterio de escala: para una casa de una planta con muro de unos 3 m, una cornisa de remate de 12 a 18 cm de proyección funciona. En dos plantas, súbela al rango de 20 a 30 cm. En marcos de ventana, un ancho equivalente a la décima parte del ancho del hueco se ve equilibrado: en una ventana de 1.50 m, alrededor de 15 cm.
Regla que evita fachadas confusas: elige un solo lenguaje. O molduras rectas y planas, o perfiles clásicos con caveto y talón. Mezclar ambos en la misma fachada la vuelve incoherente. Y no pongas moldura en todos los huecos: destaca los de la planta baja o los de la fachada principal y deja el resto limpio.
Instalación: lo que decide si dura diez años o dos
- El muro debe estar seco, firme y libre de polvo y de pintura descarapelada. Sobre pintura vieja mal adherida, el adhesivo se lleva la pintura y la moldura se cae con el peso del agua.
- Usa adhesivo específico para exterior, resistente al agua. Aplica en cordones verticales, no en toda la superficie: así el agua que llegue a entrar tiene por dónde bajar y salir.
- En piezas grandes o pesadas, el adhesivo no basta. Refuerza con taquete y tornillo de acero inoxidable, y tapa la cabeza con la misma masilla del sistema.
- Deja junta de dilatación entre piezas cada cierto tramo, según indique el fabricante del material. Las uniones se rellenan con sellador elástico para exterior, nunca con masilla rígida.
- Toda superficie horizontal de la moldura debe tener pendiente hacia afuera, de 5 a 10 grados. El agua parada sobre una cornisa plana termina metiéndose por la junta trasera.
- El goterón es innegociable en cornisas: una ranura corrida en la cara inferior, cerca del borde exterior. Corta el agua y evita que corra por debajo hasta el muro. Sin goterón, en dos temporadas de lluvia aparecen los escurridos negros verticales bajo cada moldura.
- Sella la unión superior entre moldura y muro con sellador elástico. Esa junta es la entrada de agua número uno.
Acabado, pintura y mantenimiento
Pinta siempre con producto para exterior con protección ultravioleta y con cierta permeabilidad al vapor, para que la humedad del muro pueda salir. Aplica primero un sellador o primario compatible con el material de la moldura; sobre EPS recubierto y sobre poliuretano, saltarse el primario provoca desprendimientos en escamas.
Elige colores medios o claros. Un tono muy oscuro en una fachada con sol directo alcanza temperaturas altas y acelera la dilatación y el envejecimiento del sellador.
Revisión anual, de preferencia antes de la temporada de lluvias: recorre con la vista todas las juntas y los sellos, y repón los que estén cuarteados o despegados. Lava con agua y jabón neutro y cepillo suave; nunca uses hidrolavadora a presión alta sobre EPS recubierto, porque desprende el revestimiento y deja el núcleo expuesto.
Señales de que algo va mal: manchas verticales oscuras bajo una moldura indican falta de goterón o goterón tapado; una fisura horizontal fina en la unión con el muro indica sellador vencido; y una moldura que suena hueca al golpearla ya se despegó y hay que retirarla, no rellenarla.