El cancel del baño se resuelve casi siempre con vidrio templado por costumbre. El acrílico es la alternativa que aparece cuando el presupuesto aprieta o cuando el muro no aguanta el peso, y funciona bien si sabes en qué estás cediendo.
Qué es y en qué se diferencia del vidrio
El acrílico —polimetilmetacrilato, el mismo material de las micas y los letreros luminosos— es un plástico rígido y transparente. Pesa la mitad que un vidrio del mismo espesor y transmite prácticamente la misma luz.
Frente al vidrio templado tiene tres ventajas concretas: no se rompe en esquirlas, se corta y perfora con herramienta común, y no obliga a reforzar el muro para colgarlo.
Y una desventaja que decide la compra: se raya. Una fibra verde, un limpiador con abrasivo o el anillo de quien limpia dejan marca permanente. El vidrio templado tolera todo eso sin inmutarse.
Acrílico, policarbonato o vidrio: cuál va en tu baño
El vidrio templado de 8 a 10 mm es el estándar cuando hay presupuesto y el muro aguanta. Dura décadas, se limpia con cualquier cosa y no amarillea. Es lo que pondrías si el baño es el principal de la casa.
El acrílico de 5 a 8 mm tiene sentido en un baño de servicio o de visitas, en una remodelación con presupuesto contado, o cuando hay que instalar sobre un muro de tablaroca que no admite el peso del vidrio. También en casa con niños chicos, donde la ausencia de esquirlas pesa más que el rayado.
El policarbonato es el intermedio: mucho más resistente al impacto que el acrílico y menos frágil ante el rayado, aunque tampoco al nivel del vidrio. Cuesta más que el acrílico y menos que un vidrio templado a medida.
Un dato de espesor que se ignora: por debajo de 5 mm, un panel de acrílico de altura completa vibra al cerrar la puerta y transmite sensación de flimsy. Si el cancel es fijo y angosto, 5 mm bastan; si es puerta abatible, no bajes de 8.
Lo que hay que verificar antes de comprar
El muro. Un cancel de vidrio templado de 10 mm en 90 cm de ancho pesa más de 20 kilos. Sobre tabique no hay problema; sobre tablaroca hace falta refuerzo interior o cambiar a acrílico.
La medida real, no la del plano. Mide el vano en tres alturas distintas. Los muros de baño rara vez están a escuadra, y una diferencia de un centímetro entre arriba y abajo obliga a un corte en falso escuadra que el acrílico permite y el vidrio templado no —el templado se corta antes de templar, y ya templado no se toca.
La pendiente del piso. Si el piso de la regadera tiene su caída, el canto inferior del cancel tiene que seguirla o queda una luz por donde escapa el agua.
Instalación: dónde se filtra el agua
El acrílico se perfora con broca común, pero a baja velocidad y con el barreno sobre una madera de sacrificio detrás: la broca a alta velocidad calienta el material y lo cuartea alrededor del agujero.
Deja los barrenos holgados, un par de milímetros más anchos que el tornillo. El acrílico dilata con el calor, y un tornillo ajustado al milímetro genera una tensión que se convierte en fisura desde el borde del agujero.
El agua no se escapa por el panel: se escapa por los encuentros. Silicona sanitaria con fungicida en la unión del perfil con el muro y en el canto inferior contra el piso. Y una regla que se olvida: la silicona va por fuera del cancel, no por dentro; si la pones del lado húmedo, el agua que se cuela por detrás no tiene por dónde salir.
Si el cancel lleva puerta, revisa que el barrido no choque contra el sanitario ni contra el mueble del lavabo. Es el error que aparece cuando ya está instalado y obliga a rehacer.
Cómo se limpia sin arruinarlo
Aquí se decide si el acrílico dura tres años o diez.
Agua tibia, jabón neutro y franela o microfibra. Nada más. Fibra verde, estropajo, polvo limpiador o cualquier cosa con abrasivo deja un velo de rayas finas que opaca el panel de forma permanente.
Nada de limpiadores con amoniaco —el limpiavidrios común lo lleva— ni con acetona o thinner. Atacan el acrílico y lo vuelven quebradizo: aparecen microfisuras que arrancan desde los bordes.
Contra las manchas de sarro del agua dura, vinagre blanco diluido y paño suave. Actúa lento, pero no raya.
Y el hábito que más lo conserva: pasar una jalador de hule por el panel después de bañarse. Treinta segundos que evitan el sarro que después hay que tallar.
Qué esperar con los años
Un acrílico bien cuidado mantiene transparencia mucho tiempo. Los dos deterioros reales son el rayado acumulado y, en canceles expuestos a sol directo, un ligero amarilleo. El acrílico de calidad viene con protección UV; el genérico barato no, y en un baño con tragaluz se nota a los tres o cuatro años.
Las rayas superficiales se pueden pulir con pasta específica para acrílico y fieltro. Es un trabajo lento y sólo funciona con marcas leves; una raya profunda no se recupera.
La decisión en una línea
Si el baño es de uso diario y el presupuesto lo permite, vidrio templado. Si hay que aligerar peso, si el muro es de tablaroca, si hay niños chicos o si el baño es secundario, el acrílico de 8 mm cumple perfectamente — a condición de que quien lo limpie sepa que la fibra verde está prohibida.