En Toluca el enemigo del piso laminado no es el tráfico: es la losa fría con humedad de temporada y la amplitud térmica entre el mediodía y la madrugada.
Un tapete a la medida se equivoca casi siempre por la misma razón: se mide el mueble en lugar de medir el uso. Diez centímetros de más y el sillón queda encaramado.
Un arco delata al instalador: si la moldura se quiebra en la curva o la junta se abre a los tres meses, el problema casi siempre se decidió al comprar el material.
El panel liso perdona menos que el ranurado: cada onda del muro se ve. Aquí va cómo elegirlo y cómo montarlo para que la junta no se abra en tres meses.
El autoadherible no falla por el material: falla por dónde se pone y por cómo quedó la superficie antes de pegarlo. Aquí está la línea entre las dos cosas.
El aire seco del Bajío encoge el laminado y las lluvias de julio lo hinchan. La holgura perimetral no es un detalle del manual, es lo que salva el piso.
El lambrín de PVC se corta con casi cualquier cosa. Que quede recto, sin rebaba y sin quemar el material ya depende de la herramienta y de la velocidad.