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Cojín para silla: cómo elegir medida, relleno y tela

La medida se toma del asiento, no de la silla. Suena obvio y es el error que arruina la mayoría de las compras: alguien mide el marco exterior, pide ese tamaño y termina con un cojín que sobresale por los lados, se dobla en las esquinas y se ve puesto encima en lugar de formar parte del mueble. El asiento es la superficie donde te sientas, medida por dentro de los travesaños.

Cómo medir el asiento antes de comprar

Con la cinta apoyada sobre el asiento, toma el ancho de orilla a orilla en la parte más ancha y el fondo desde el borde delantero hasta donde el asiento choca con el respaldo. Anota los dos números en ese orden y compara siempre ancho contra ancho: un cojín de 40 por 40 cm no sirve en un asiento de 38 por 42 aunque el área sea parecida.

Los asientos rara vez son cuadrados perfectos. La forma típica de una silla de comedor es un trapecio: más ancho adelante que atrás, entre 2 y 5 cm de diferencia. Si tu silla es así y compras un cojín cuadrado, va a sobrar por atrás. Mide el ancho delantero, el ancho trasero y el fondo, y busca el cojín por la medida menor, o mándalo hacer con la plantilla.

Para sacar la plantilla, pon una hoja de papel kraft sobre el asiento, márcala con el dedo por todo el perímetro y recórtala. Pruébala sentado. Si al recargarte contra el respaldo el papel se arruga, sobra fondo; recórtalo hasta que asiente plano.

Como criterio general, el cojín debe quedar entre medio centímetro y un centímetro por dentro del borde del asiento. Nunca al ras y nunca más grande. Un cojín que sobresale se engancha con la ropa, se ensucia primero en el canto y se dobla hacia abajo, que es el gesto que delata un cojín mal medido a tres metros de distancia.

Espesor y relleno: lo que decide si te levantas a los veinte minutos

El espesor cambia la altura a la que quedas respecto a la mesa. Un cojín de 3 a 4 cm es el rango cómodo para comedor: amortigua sin subirte tanto que las rodillas topen con la cubierta. De 5 cm en adelante ya conviene medir la distancia libre entre el asiento y la mesa antes de comprar. Por debajo de 2 cm el cojín es decorativo: se ve bien y no cambia nada en la comodidad.

Espuma de poliuretano. Es el relleno que mantiene la forma. Lo que decide su comportamiento es la densidad: una espuma de baja densidad se siente mullida el primer mes y luego se aplasta hasta quedar como una galleta. Para una silla de uso diario pide densidad alta, aunque se sienta más firme al probarla en la tienda. Se ablanda un poco con el uso y ahí se queda; la baja densidad, en cambio, no se recupera.

Fibra siliconada o guata. Suave, ligera y económica. Funciona en cojines decorativos, en sillas de balcón que se usan de vez en cuando y en sillas de terraza porque escurre bien el agua. En un comedor diario se apelmaza y forma bultos, y ya no vuelve a distribuirse parejo.

Espuma viscoelástica. Se amolda al cuerpo y reparte la presión, que es exactamente lo que necesitas si pasas horas en la misma silla. Retiene calor, así que en Mérida o en cualquier clima cálido conviene combinarla con una tela transpirable y no con vinil.

Espuma con capa de fibra encima. Es la solución de tapicería de toda la vida: el bloque de espuma da soporte y una capa delgada de guata redondea las orillas para que el cojín no se vea como un ladrillo. Si mandas hacer los tuyos, pídelo así.

Telas que aguantan un comedor de verdad

Antes que el color, mira tres cosas: si la funda se quita, cómo se limpia y qué tan cerrado es el tejido.

El algodón y el lino se ven muy bien y se manchan con todo. Sirven si la funda tiene cierre y se puede meter a la lavadora; sin funda desmontable, en una casa con niños duran una comida. El poliéster y las mezclas de poliéster son la opción sensata para el diario: resisten el sol de una ventana sin decolorarse tanto y sueltan las manchas con agua y jabón. La loneta de algodón grueso aguanta el roce mejor que el algodón ligero y se plancha bien.

El vinil es la elección obvia si el problema son los derrames: el líquido se queda arriba y se limpia con una pasada. A cambio no transpira; en verano se siente pegajoso y en una silla donde pasas horas es incómodo. Úsalo en sillas de cocina, de barra o de área infantil, no en las cabeceras del comedor donde la gente se queda a platicar.

Para exteriores hay telas formuladas contra rayos UV, con la fibra teñida en masa, no impresa. Un cojín de tela normal en una terraza descubierta pierde el color en una temporada de sol y se le queda el agua adentro.

Un apunte de color: el asiento es la superficie de la casa que más se ensucia por contacto. Los tonos medios con textura o con estampado menudo disimulan; los lisos claros y los oscuros lisos exhiben todo, unos las manchas y otros las pelusas y el pelo de las mascotas.

Amarres y antiderrapante: que el cojín no viaje

Un cojín suelto se recorre. Las opciones, de menos a más efectivas:

  • Cintas de amarre en las esquinas traseras. Lo estándar. Funcionan si las cintas están cosidas exactamente en la esquina y no a diez centímetros hacia adentro, que es donde vienen en muchos cojines de línea y por eso el cojín se gira.
  • Cuatro cintas en lugar de dos. En sillas sin respaldo continuo, como los bancos de barra, las cintas traseras no tienen dónde amarrarse. Cuatro cintas alrededor de las patas o del marco resuelven.
  • Velcro cosido al cojín y pegado al asiento. El más firme y el que menos se ve. Sólo funciona sobre superficies lisas, no sobre asientos de bejuco o de tejido.
  • Base antiderrapante. Una tela de agarre cosida en el reverso, o un tapete de rejilla de silicón recortado a la medida y puesto debajo. Barato, invisible y suficiente para la mayoría de las sillas de madera.

En sillas con asiento de bejuco o mimbre, el antiderrapante no agarra y el velcro se despega. Ahí van cintas, sin discusión.

Cuidado y cuándo cambiarlos

Si la funda se quita, lávala en frío y sécala a la sombra; el sol directo decolora más rápido que el uso. Si no se quita, aspira primero para sacar la tierra suelta, limpia con espuma de jabón neutro aplicada con esponja y seca de inmediato con un trapo. Nunca empapes: el agua que llega a la espuma tarda días en salir y deja olor y cerco.

Voltea los cojines cada dos o tres semanas y rótalos entre sillas. Las cabeceras se usan más que las de en medio y, si no los rotas, en un año vas a tener dos cojines aplastados y cuatro nuevos en el mismo juego.

Cámbialos cuando la espuma ya no regrese: apriétala con el puño y suéltala. Si tarda en recuperar la forma o queda la marca de tu mano, esa espuma ya no está soportando nada y sólo estás sentado en la tela. Si el resto está bien, mandar hacer el interior es más barato que comprar el juego completo.